Tetera al mar | primera parte

El otro día cuando me desperté, por algún motivo súper codificado que la lógica convencional desconoce, tuve la convicción absoluta de que era el momento de comenzar a escribir un blog. Pensé mucho sobre eso (o es lo que me pareció en mi estado de semi conciencia matutina) y tuve un montón de fantasías sobre el entusiasmo que causaban mis publicaciones (incluso respondía de manera ingeniosa a los comentarios de mis haters). Así que ahí estaba yo, abstraída en una satisfactoria revisión de comentarios interesantes de mis lectores, cuando una voz (perturbadoramente parecida a la mía) me dijo en un tono severo y autoritario: "¡¡basta de fantasías!! de partida, sigues medio dormida hecha un ovillo lamentable a mitad de tu cama sin escribir ni una sola coma.

Cuando la verdad te golpea al punto de lograr enmudecer a la versión fantasiosa de ti misma, no hay ninguna respuesta inteligente que se le pueda dar a la voz omnipotente. 

No recuerdo con exactitud lo que hice justo después de levantarme. He de admitir que hasta esta parte del relato ya han pasado un par de semanas unos cuantos días desde que comencé a escribir esta entrada (no, no es algo de lo que me sienta orgullosa), pero lo que sí recuerdo, es que ese fin de semana fijé tres objetivos básicos aparentemente sencillos:

1. Encontrar un nombre para mi futuro blog
2. Crear un blog
3. Entender cómo funciona un blog

Sobre el primer punto hablaré más adelante ya que no me apetece hacerlo justo ahora, pero el punto dos y tres merecen ser documentados en un relato tan épico que inmortalice la proeza que significó llegar hasta aquí.

Todo comenzó con el instinto básico de cualquier ser humano en busca de información: Google; así que literalmente escribí en el buscador "como hacer un blog" con la tranquilidad de contar con el anonimato a favor de mi orgullo y poder preguntar cualquier idiotez sin sentirme marginada por la sociedad y recibir las anheladas respuestas sin ninguna risita recriminatoria que se burlara de mi ignorancia. Después de cliquear las opciones más obvias, aquella voz perturbadoramente parecida a la mía (otra vez) me recordó que ya había pasado por la proeza de crear un blog al menos dos veces en mi vida (¿cómo lo había olvidado?), la primera como una adolescente tratando de tener un "hobbie acorde a mi fascinante vida y personalidad", y la segunda como un requerimiento para la universidad. 

Del primer intento de blog ya han pasado más años de los que me gustaría admitir, pero el nombre vino a mi memoria con vergonzosa e inquietante claridad y aunque tenía recuerdos del contenido de mis publicaciones, tenía serias dudas de mi capacidad de redacción de aquella época. 

Curiosamente días antes me había llevado una grata sorpresa de "mi yo" de juventud y en parte eso había sido una de "las señales" del universo para sentarme a escribir un blog (material para otra entrada)... Así que decidí que iba a ser un poco más optimista y permisiva con "mi yo" de 13 años y me otorgaría el beneficio de la duda.

Tipeé la dirección en la barra de búsqueda con un poco de vergüenza ajena, pero con la esperanza de que simplemente hubiera muerto por inactividad (así como, gracias al ser omnipotente que maneja internet desde un podio sagrado, ocurrió con las cuentas de fotolog), pero en algún momento de mi vida debo haber sido una mala internauta, ya que San internet no escuchó mis desesperadas plegarias. La cuenta de mi yo adolescente seguía ahí.


 Continuará. 

Comentarios

  1. Me pasó igual.. Y el blog sigue en vida y no puedo acceder a él para quitarlo, porque ya eliminé las cuentas de correo asociadas. Así que ahí existirá... en el anonimato.... por los siglos de los siglos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario